La ascensión europea y mundial de Ángela Merkel

Aparecido en Analisis Digital el 17 de Febrero 2006

La experiencia histórica de que los gobiernos de “gran coalición” en Alemania y Austria han favorecido a los socialdemócratas en citas electorales posteriores podría no ser cierta en el caso de Ángela Merkel, la presidente de la CDU democristiana a quienes sus rivales intentaban descalificar presentándola como una mujer arrogante, una especie de Margaret Thatcher, campeona de la ultraortodoxia del neoliberalismo económico.

Las negociaciones para formar gobierno entre socialdemócratas y democristianos fueron arduas y se prolongaron durante casi dos meses; y la impresión, tras la formación del nuevo ejecutivo alemán, era que la sombra de Schröeder seguiría influyendo en la política exterior, habida cuenta que uno de sus hombres de confianza, Frank-Walter Steinmeier, ocupaba la cartera de Asuntos Exteriores. Los analistas no veían grandes cambios en la política exterior y de seguridad, que habrían entrado en un cambio de ciclo histórico en Alemania, cuando hace un año Schröeder dejó caer de pasada en un discurso sobre política de seguridad que la OTAN ya no era el lugar primario en que europeos y americanos discuten y coordinan estrategias. A estas apariencias contribuyó también el que los ministros de la CDU se reservaran el ámbito de la política doméstica. Sin embargo, tal y como la propia Ángela Merkel ha recordado, los aspectos interiores tienen prioridad en estos momentos si se quiere alcanzar el objetivo de que Alemania encabece el liderazgo europeo en términos de crecimiento, empleo e innovación.

Decía la canciller en la Conferencia sobre Política de Seguridad (Munich, 4 de febrero de 2006): “Pienso que esto es importante porque no sólo es la condición previa para la prosperidad de nuestro país, sino también para nuestra capacidad de utilizar el esfuerzo político interno para asumir responsabilidades en política exterior”. Merkel también quiere marcar distancias en Europa frente al viejo eje franco-alemán de Chirac y Schröeder. Uno de sus objetivos, que encumbrarán más su liderazgo europeo, será la recuperación de la Constitución europea, que indudablemente favorece a Alemania. Tendremos ocasión de comprobarlo en la Cumbre europea del próximo mes de junio.

La realidad es que es Ángela Merkel que marca las directrices en política exterior, apuesta decididamente por una consolidación del vínculo atlántico, y por un multilateralismo realista, que ahora parece compartir la Administración Bush, ante unos desafíos comunes y globales: terrorismo, proliferación de armas de destrucción masiva, crisis regionales... Es una necesidad acuciante en el delicado Oriente Medio de hoy: Palestina, Irak, Irán...Tampoco se puede bajar la guardia en Afganistán, donde la estabilidad requiere de esfuerzos permanentes de la OTAN. La Alianza sigue siendo vital, y no deja de ser llamativa una reciente alusión del ministro alemán de Defensa, el socialdemócrata Franz-Josef Jung: la OTAN no es sólo una organización regional conforme al capítulo VIII de la Carta de la ONU, y por tanto necesitaría siempre un mandato expreso del Consejo de Seguridad. Jung dejó entrever que la Alianza tiene que estar en posición de reaccionar de modo autónomo frente a las amenazas a la paz mundial aunque los principios que guíen su actuación sea precisamente los enunciados en la Carta de la organización mundial.

La canciller Merkel nos sorprendió hace poco con una breve evocación de la Alemania de los comienzos del nacional-socialismo, que muchos pensaron que sólo era retórica y que no había que alarmarse. No se supo reaccionar a tiempo, tampoco en la Conferencia de Munich de 1938, cuando británicos y franceses optaron por una política de apaciguamiento frente a Hitler. Pero Merkel nos habla de reaccionar desde el primer momento frente a Irán, cuyo presidente niega el Holocausto y el derecho de Israel a la existencia. La reacción de los aliados pasará por el Consejo de Seguridad, pero no cabría descartar sanciones conjuntas de algunos países si esta vía fracasa. Por lo demás, los mundiales de fútbol en Alemania han despertado las alarmas en la OTAN que, por primera vez, vigilará este acontecimiento deportivo. Y es que no cabe descartar un golpe del terrorismo islamista en suelo alemán, en un momento en que Merkel se configura como la líder europea más destacada. Una acción terrorista buscaría no sólo causar víctimas sino también desestabilizar una Alemania emergente en lo político y lo económico.

Antonio R. Rubio Plo


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jueves, febrero 09, 2006

Visita de Putin a España Rusia busca su lugar en Europa
Aparecido en análisis Digital el 9 de feb. 2006

El presidente ruso Vladimir Putin visita oficialmente España durante los días 8 y 9 de febrero, un viaje en el que ambos países, aunque quizás algo más Rusia, busca un incremento de las relaciones bilaterales, pues no acaban de adquirir un perfil más destacado las relaciones económicas, porque todavía las naciones del este de Europa siguen ocupando un apartado secundario en las inversiones españolas. El viaje del presidente ruso a España es un ejemplo del interés que da Moscú al fortalecimiento de la cooperación con algunos países de Europa Occidental: Alemania, Francia, Italia, España, Bélgica..., así como con la UE en su conjunto. Uno de las constantes actuales de la política exterior rusa es recordar con frecuencia que, a pesar de su posición geográfica entre Europa y Asia, “Rusia ha sido siempre y será una potencia europea. Es en Europa donde concentramos nuestros intereses políticos y económicos”. Lo recalcaba recientemente Sergei Ivanov, ministro de Defensa ruso, en el marco de la Conferencia de Munich sobre Política de Seguridad (5 de febrero).

El hecho de que Ivanov empleara el término “potencia” demuestra, por ejemplo, que en Rusia sigue siendo importante la geopolítica, término casi desterrado de uso por la UE, pero que no dudan en emplear algunos países emergentes en el siglo XXI como China o la India, y por supuesto, Estados Unidos. La geopolítica da lógicamente gran importancia al control territorial o a las esferas de influencia, pero la Europa de hoy, que se considera una potencia civil y una potencia económica mundial, prefiere no pensar en la geopolítica, pues lo asocia a guerras o a diplomacias arteras. Habla, en cambio, de espacio económico, de extensión de la estabilidad por el continente... Nos habla, como dice el diplomático británico Robert Cooper, en términos posmodernos. Este es un lenguaje que Rusia, cargada de historia y de un pasado imperial en versión zarista o soviética, es incapaz de comprender por el momento. Los rusos prefieren discutir con Europa de áreas concretas de cooperación, pues ellos mismos no se ven en el proyecto de integración europea. Después de todo, nadie cree posible que Europa pudiera digerir al gigante ruso, aunque sus raíces sean más europeas que la de la Turquía candidata. En el fondo, las relaciones entre Rusia y Europa tienen un mucho de frustración para los rusos. Un caso concreto: en la lucha contra el terrorismo internacional, Moscú se queja de falta de cooperación y, sobre todo, de dobles raseros: si el terrorismo islamista es una realidad en Europa, ¿por qué muchos consideran a los islamistas chechenos, formados en la rigorosa secta wahabí, como combatientes por la libertad y la independencia de Chechenia? Moscú no entiende cómo no hay una mayor cooperación que pase por la planificación de acciones coordinadas como el bloqueo de sus fuentes de financiación o si llegara el caso, el uso de la fuerza armada. En cambio, en Europa, y sobre todo en el Consejo de Europa, a Rusia se le habla de derechos humanos en Chechenia. Es precisamente el fenómeno del terrorismo global de carácter islamista lo que ha acercado a la Rusia de Putin a Estados Unidos, y lo que quizás podría pesar en la actitud futura de Moscú ante la crisis nuclear de Irán. Por de pronto, en los próximos meses los rusos intentarán potenciar el Consejo Rusia-OTAN, con el propósito de que sea algo más que un mero consejo consultivo de carácter político y que tenga aspectos más prácticos de cooperación militar.

Rusia está convencida de que la integración europea no puede llegar a la meta sin una cooperación más estrecha entre Rusia y la UE que pasa, entre otros aspectos, por la formación de un espacio económico europeo y de cooperación en diversos ámbitos, entre ellos el de la seguridad y la defensa. Los resultados no están siendo los esperados, y una prueba es que no hay una significativa mejora del derecho de tránsito ruso, incluido el militar, desde el enclave de Kaliningrado, recuerdo de la expansión soviética y rodeado ahora por países de la UE como Polonia y Lituania. Hay quien asegura que si Rusia no encuentra su lugar en Europa, tendrá que volverse hacia Asia, y a este respecto recuerdan las organizaciones asiáticas de las que los rusos forman parte, siendo la más significativa el Grupo de Cooperación de Shanghai. Pero la sombra de China en Asia cada vez es más grande, pese a los tratados firmados en los últimos años entre Moscú y Pekín. El Extremo Oriente es un escenario de auge económico, pero también de tensiones político-militares: China, Japón, las dos Coreas... Europa, por el contrario, es un lugar aparentemente más apacible. Al fondo queda el drama de la soledad de Rusia, una vez más entre Europa y Asia.

Antonio R. Rubio Plo
historiador
y analista de relaciones internacionales